Portada Antigua fabrica
200 años de HARTMANN

El desarrollo continúa:
1873-1945

La comercialización de los apósitos para el tratamiento de heridas fue el resultado de la colaboración entre el doctor Sir Joseph Lister y la empresa PAUL HARTMANN. Los nuevos productos fueron una verdadera revolución: gracias a ellos la tasa de mortalidad de los pacientes se redujo rápidamente. Hartmann concentró su estrategia en el marketing y la expansión empresarial - segunda parte de la historia de la empresa (1873-1945)

Estos apósitos absorbentes e higiénicos entusiasmaron a todo el mundo, tanto a los pacientes como a los médicos y al personal de enfermería. Rápidamente corrió la voz de que la empresa alemana Paul Hartmann de Heidenheim fabricaba en serie unos productos extremadamente útiles para el cuidado de las heridas.

Ya en 1873, el primer año de producción, la empresa recibió un gran pedido de Leipzig: el hospital de St. Jacob's realizó un pedido de apósitos por valor de 400 libras. A pesar del éxito, Paul Hartmann y sus hijos no tenían ninguna intención de dormirse en los laureles; continuaron experimentando y nunca se cansaron de intercambiar ideas con especialistas.

El médico escocés Sir Joseph Lister fue el primero en utilizar apósitos impregnados en fenol para el tratamiento de heridas con efecto germicida. El resultado fue una curación más rápida y sin complicaciones. Publicó su descubrimiento en una serie de artículos para la revista científica "The Lancet" que entusiasmaron a Paul Hartmann, quien le escribió para proponerle la producción industrial de estos apósitos antisépticos. Entre ambos se estableció una intensa correspondencia.

Fotografía de Joseph Lister

Lister y Hartmann, los colaboradores que nunca se conocieron

Lister dio instrucciones precisas sobre los puntos que debían tenerse en cuenta en la producción de los apósitos que él había desarrollado. En 1874 empezó la producción en serie y pronto se convirtió en otro éxito de ventas de HARTMANN. A partir de 1874, también se fabricó en Heidenheim otro invento de Lister: el catgut. El catgut era un hilo de sutura desinfectado con fenol que empezaron a utilizar los cirujanos para suturar las heridas abandonando el uso del hilo de seda que había demostrado ser inflamatorio en muchos casos. Lo más extraodinario de todo es que Lister y Hartmann nunca se conocieron en persona, únicamente se relacionaron por carta; algo que hoy en día, 200 años más tarde, parece increíble.

En 1875, la empresa de Paul Hartmann inició la producción industrial de algodón, gasas y yute hidrófilos e impregnados en fenol. Estos productos supusieron un enorme beneficio para la población en general, pues gracias a ellos, de nuevo la tasa de mortalidad de los enfermos se redujo rápidamente. Esta proeza se merecía una gran difusión, por ello la dirección de la empresa decidió apostar por la publicidad desde el primer momento. En Heidenheim se pintaban carteles que se distribuían para transmitir el mensaje en las columnas publicitarias. En sus carteles siempre aparecía el logo de la empresa, una cruz roja sobre fondo blanco, registrado como marca en 1883.
Poster de la antigua fabrica en Heidenheim

La primera fábrica en el extranjero, en Pavia (Italia)

Era un logo que creaba confusión por su parecido con el de la Cruz Roja, por ello en 1906 el logo de HARTMANN pasó a ser una cruz blanca sobre un fondo rojo. Mucho antes de 1906, de hecho en 1876, la empresa ya había exhibido sus productos para el tratamiento de las heridas por primera vez en las exposiciones universales de Filadelfia y Bruselas, por los que fue premiada en ambas ocasiones. En 1883 obtuvo otro galardón, la emperatriz Augusta concedió a la empresa HARTMANN la medalla de oro en la Exposición nacional alemana de higiene y salvamento. En los años siguientes, la familia Hartmann apostó por las fábricas de producción en el extranjero. La primera fábrica en el extranjero fue fundada en 1882 en Pavia (Italia). En el periodo hasta 1910, se crearon varias fábricas y filiales en otros países, como París, Londres, Nueva York, Praga, Roma, Sevilla e Innsbruck.

Mientras tanto, en la década de 1880 tuvo lugar un cambio de generación en la empresa: Paul Hartmann padre falleció en 1884 y Paul Hartmann hijo en 1899; Walter Hartmann, hijo de Paul Hartmann hijo, pasó a dirigir la empresa. El nuevo director continuó sistemáticamente su estrategia de expansión. Para ampliar capital, en 1912 la empresa se convirtió en un negocio familiar con un Consejo de Administración de cuatro miembros compuesto exclusivamente por familiares. A pesar de las dificultades, la empresa mantuvo su funcionamiento habitual durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) aunque después de 1918 hubo que reconstruir las fábricas destruidas en territorio extranjero.

Durante este periodo, la cartera de productos de HARTMANN siguió ampliándose. Además de los productos ya conocidos, en 1919 se empezaron a fabricar apósitos especiales de calentamiento. Unos años más tarde, empezó la producción de vendajes indoloros para quemaduras. Durante mucho tiempo, en los carteles y los envases aparecía el eslogan: "HARTMANN ayuda a curar" En la década de 1930 se produjo otra innovación: un vendaje de compresión impregnado en bálsamo del Perú, que todavía se comercializa: Branolind. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) significó un duro revés para la empresa, que perdió todas las fábricas y filiales en el extranjero.
Retrato de Paul Hartmann Junior

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