Gestión de las úlceras crónicas
Tratamiento de heridas

Gestión de las heridas crónicas

Reconocer los primeros síntomas de las heridas crónicas, ya sean úlceras de presión, úlceras vasculares o síndrome del pie diabético, es esencial para activar y mejorar la curación.

Una de las consecuencias del aumento de la esperanza de vida es también el aumento de las enfermedades crónicas, y entre las heridas crónicas.

A nurse is treating the wound of a woman’s foot

Se considera que una herida es crónica cuando, pese a haber recibido el tratamiento adecuado, presenta señales nulas o escasas de cicatrización al cabo de un tiempo razonable. Este tipo de heridas no suelen estar causadas por agentes externos (como quemaduras o abrasiones), sino que se producen como consecuencia de enfermedades subyacentes o influencias negativas. Y acaban derivando en daño tisular debido a la alteración del metabolismo, lo que puede retrasar o evitar totalmente el proceso de cicatrización normal de una herida.

Los tipos de heridas crónicas más frecuentes son: úlceras por presión (o de decúbito), úlceras vasculares (también llamadas piernas ulceradas, úlcera varicosa o ulcus cruris) y el síndrome del pie diabético. Cuanto antes se diagnostique una herida crónica, mayores serán las probabilidades de curación.

Por ello es importante que la persona afectada interprete los primeros síntomas correctamente y busque asistencia médica en una fase precoz. 

¿Cuáles son los primeros síntomas que presentan las personas con estas heridas?

¿Cuáles son los primeros síntomas que presentan estas heridas?

Úlceras por presión
La prevención requiere la vigilancia continua del estado de la piel de las zonas que estén en constante presión (articulaciones o zonas sacrales) y una reacción inmediata y acertada ante cualquier cambio.  Los primeros síntomas de problemas en la piel pueden ser la decoloración y el endurecimiento (induración), un aumento de la temperatura local e incomodidad. También pueden formarse ampollas. 

Los factores asociados al desarrollo de úlceras de presión son numerosos: edad avanzada, inmovilidad, incontinencia, alteraciones sensoriales, obesidad, mala alimentación o enfermedades subyacentes que afecten a la circulación sanguínea y al metabolismo celular.

Úlceras de la pierna
Las heridas vasculares crónicas normalmente aparecen en la parte inferior de la pierna, alrededor del tobillo (maléolo) aunque pueden surgir, en función de su causa, en cualquier parte de la extremidad inferior.  

La mala circulación de las piernas puede causar congestión o la completa estasis del flujo sanguíneo, lo que a su vez degenera en daño tisular y en la posterior ulceración. La ulceración varicosa no se produce de la noche a la mañana. Los síntomas de alteración en la circulación venosa que se observan en las personas afectadas a medida que avanza esta dolencia son: inflamación (edema) de los tejidos, hiper o hipopigmentación de la piel, eccema por estasis, y una sensación subjetiva de presión o bloqueo en las piernas (especialmente por la noche). 

A surgical team is operating a chronical wound

Síndrome del pie diabético
El síndrome del pie diabético se produce como consecuencia del deterioro crónico que la diabetes mellitus ocasiona a la circulación sanguínea o a los nervios. El término (síndrome del pie diabético) hace referencia a los síntomas clínicos observados en el pie. 

La pérdida de sensibilidad al dolor y a la presión, que en el fondo actúan como alertas, es una de las causas de la ulceración en pacientes diabéticos. Incluso las lesiones más leves pueden derivar rápidamente en úlceras, de ahí la importancia de tomar medidas preventivas para proteger el pie. Un enfoque multidisciplinar es esencial en este aspecto.  

Se debe prestar especial atención a los pies y las uñas de las personas diabéticas ya que hasta las abrasiones o puntos de presión más leves pueden degenerar en la aparición de una herida crónica.

¿Cómo prevenir la aparición de heridas crónicas?

Las úlceras de presión se previenen, como su propio nombre indica, evitando, reduciendo o redistribuyendo la fuente de presión y fricción. Por ello es preciso identificar a las personas en riesgo y tomar las medidas necesarias para aliviar la presión, por ejemplo girar y cambiar de posición a los pacientes inmovilizados o utilizar dispositivos que alivien la presión.

La ulceración varicosa requiere dos intervenciones decisivas: terapia de compresión y movilización.  La educación y capacitación del paciente es esencial para que estos tratamientos funcionen, de ahí que, además de entender la importancia de aplicar compresión, los pacientes deban acostumbrarse a mover frecuentemente las piernas.

La autocapacitación es igualmente importante para los pacientes diabéticos. Los afectados deben asegurarse de que se les revisen los pies todos los días. Los mantendrán secos y calientes, y bajo ningún concepto andarán descalzos.   También las visitas frecuentes al médico, quien se encargará de vigilar y evaluar, ayudan a reducir los problemas.

Un enfoque holístico es esencial para el éxito del tratamiento y la curación de las heridas crónicas. Y por supuesto es vital tratar la enfermedad que las causa.