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Preparase para volver: dejar atrás una lesión

Es la respuesta clásica que te da la gente cuando te estás recuperando de una lesión: "Te pondrás en forma otra vez". Bueno, cuando estás en proceso de recuperación después de un esguince, una fractura, una rotura de ligamentos o similar, rara vez sientes que al volver a la actividad física vayas a "ponerte en forma". Más bien puede que uno lo sienta como un largo proceso de ir arrastrándose para (en sentido literal y figurado) volver a ponerse en pie.

Para quienes hacen deporte de forma regular, incluso a diario, el ejercicio puede tener un efecto comparable al de las drogas: mejora el estado de ánimo, alivia el estrés y es una forma de socializar. Cuando se produce una lesión, el vacío que deja la ausencia de ejercicio en la vida cotidiana puede ser asombroso. Aunque también ofrece una oportunidad: la de aprovechar el período de recuperación para desarrollar algunos hábitos nuevos o actividades diferentes para aliviar el estrés y liberar endorfinas. Desde la meditación, pasando por disfrutar de la música, hasta aprender a programar, hay innumerables actividades en las que podemos centrarnos mientras nos estamos recuperando.

Aunque parezcan estereotipos, cosas como descansar, beber líquidos y comer alimentos ricos en vitaminas prepararán el cuerpo para una recuperación más completa y rápida. Es posible que tengas ganas de volver a la actividad; lo que tu cuerpo te pide es correr, saltar o nadar; pero la principal prioridad debería ser evitar que la lesión se agrave o que se produzca otra lesión en el futuro. El trabajo del fisioterapeuta se centrará en que la zona lesionada se recupere y en que aumente la fuerza, la flexibilidad, el equilibrio y la coordinación. Una parte importante del trabajo de recuperación será evitar tensiones y roturas fibrilares adicionales para que, en algún momento, puedas retomar tu rutina de ejercicios habitual. Además, si la lesión abarca solo una zona como, por ejemplo, el tobillo, el tiempo de recuperación podría ser una oportunidad para realizar ejercicios más suaves en otras zonas musculares sanas, como la espalda, los hombros o los tríceps.

Cuando ya lleves un cierto tiempo encontrándote mejor de lo habitual, una serie de consejos sencillos te ayudarán a volver al deporte. En primer lugar, calienta con suavidad la zona afectada antes incluso de empezar el calentamiento habitual de todo el cuerpo. En segundo lugar, comienza el entrenamiento con cuidado, evitando los ejercicios sobre superficies desniveladas y progresando lentamente hasta un nivel moderado sin llegar al máximo. En tercer lugar, si notas dolor o molestias, para el ejercicio . Puede que el cuerpo te esté diciendo que necesitas un poco más de tiempo; cubre suavemente la zona afectada con una venda fría cooling bandage o ponle un refuerzo extra.

Por último, aunque más importante, nada de lo que leas en Internet puede sustituir a la consulta personal con un médico y a disponer de un programa de recuperación completo adaptado específicamente a ti y a tu lesión.